Mi Caramelo Alivia

Esquizofrenia, qué hay de nuevo…

Publicado en Salud General por lourdeslou en Diciembre 17, 2009

Nuevo tratamiento para la esquizofrenia

Durante mucho tiempo una de las enfermedades mentales más temidas e invalidantes, entre pacientes psiquiátricos jóvenes, ha sido la esquizofrenia. Hay descripciones de este cuadro desde la antigüedad y fueron variados los tratamientos intentados:

  • Sangrías
  • Vomitivos
  • Baños de agua helada
  • Castigos corporales
  • Exorcismos
  • Chalecos de fuerza
  • Tratamientos convulsivos medicamentosos (cardiazol)
  • Coma insulínico
  • Electroshock
  • Cirugías craneales (incluso algunos – como bien lo ilustra un célebre cuadro de Hieronymus Bosch- buscaban “la piedra de la locura”, incrustada en el cráneo)

Las llamadas esquizofrenias (paranoide, simple, catatónica o hebefrénica) son en realidad un grupo que presentan algunas características comunes y son alienaciones mentales (psicosis) donde a veces predominan el autismo y el negativismo (el paciente no habla, se niega a comer, no se mueve, mira fijo en un punto lejano) o son agresivos para sí mismos y para los otros, incluidos  familiares, en actos que parecieran inmotivados. Otros presentan delirios de contenido místico, megalómano o persecutorio, con alucinaciones generalmente auditivas: el paciente refiere que “oye voces” (otras veces son visuales o referidas a sensaciones corporales -alucinaciones cenestésicas-). Su discurso aparece disgregado, incoherente, pueril o bizarro; suele caer en la más absoluta indiferencia o en una profunda depresión o angustia que lo puede llevar al suicidio (hecho frecuente en la esquizofrenia). La variedad de síntomas que presentan y lo cambiante de las formas de manifestación, con intervalos lúcidos y otros francamente delirantes, han llevado a que la gente interpretara erróneamente esto como “una doble o múltiple personalidad”.

Es importante que los padres sepan que estos cuadros pueden aparecer en la adolescencia temprana o entre los 20 y 30 años. Sin tratamiento su curso es progresivo y evoluciona por “brotes”: estas crisis los van dejando con un defecto cada vez mayor, deteriorando sus capacidades mentales. Hay que destacar que, muchas veces, la familia no consulta a tiempo porque, a pesar de que tenga actitudes extrañas, abandone sus cuidados personales, los estudios o el trabajo, refiera ver su cuerpo cambiado o sentirse despersonalizado, sólo lo entienden como “rareza” o que “se hace el loco”, atribuyéndolo a los “caprichos de la juventud”. Desgraciadamente una enfermedad mental que no se detecta en forma precoz y no se la trata suele tener una mala evolución.

La esquizofrenia  es una afección que se da en todas las razas y clases sociales o niveles económicos sin distinción y son muchas las teorías que buscaron dar cuenta de sus causas: desde la posesión demoníaca y satánica, a las brujerías, “la madre esquizofrenizante” (concepto que ha caído en descrédito) o la familia que enloquecía al paciente hasta la que sostiene que hay alteraciones celulares en el cerebro. La más actual y aceptada es la que ubica a nivel de los neurotransmisores cerebrales (son sustancias que segregan las células nerviosas para comunicarse entre ellas) como base del trastorno. Por supuesto que no se puede ver a un individuo como a un mero resultado de la acción de sus neurotransmisores sino como la interrelación entre su cerebro y su cuerpo con el medio familiar y social en el cual vive.

Durante muchos años los psiquiatras no contaban con otra posibilidad que provocar comas insulínicos, aplicar shocks medicamentosos o eléctricos (este último tratamiento fue ideado por los italianos Cerletti y Bini basados en la idea que la epilepsia protegía de padecer una esquizofrenia) en largas internaciones que muchas veces eran de por vida. A posteriori fuimos viendo las limitaciones, riesgos y efectos secundarios de estos recursos teniendo la posibilidad de contar con medicamentos para combatir esta enfermedad y poder prescindir de la insulina y el electroshock. Aparece una droga llamada clorpromazina (descubierta a partir de la anestesia), luego el muy conocido haloperidol y así comienza a revertirse la historia.

En años posteriores hacen su aparición los llamados antipsicóticos de última generación o atípicos, como el Risperidone, que produce mejoras notables tanto en los delirios, alucinaciones, excitación psicomotriz y agresividad como en la retracción emocional, abulia, pobre relacionamiento social y el encierro en sí mismo (la gente dice cuando ve algo parecido: “es un esquizo”). En estos últimos síntomas, llamados “negativos” era donde los medicamentos anteriores tenían baja eficacia, como así también en los síntomas afectivos: sentimiento de culpa, ansiedad, depresión, poca atención en las cosas cotidianas.

Otra de las desventajas que tenían los primeros remedios era que producían graves e indeseables efectos secundarios lo que casi no ocurre con el risperidone, logrando así un avance notable en la recuperación de los enfermos mentales, permitiendo una mayor resocialización y contacto con el mundo evitando las frecuentes y deteriorantes reinternaciones.

Por otro lado hace que estos pacientes sean más permeables a la psicoterapia, lo que constituye a este medicamento, ya probado en más de un millón de casos, en una arma de primer nivel para la remisión de los cuadros esquizofrénicos y en trastornos de conducta en las demencias y mal de Alzheimer (demencia presenil observada con regular frecuencia) o en la enfermedad bipolar.

No se debería pensar que las psicosis (popularmente llamadas “locuras”) se curan como un resfrío, una angina, una disfunción erectiva o un esguince de tobillo: aunque haya remitido el brote agudo el paciente deberá continuar bajo tratamiento, con los controles y con la medicación como sostén (a veces recurrimos a inyectables de uso prolongado -haloperidol depósito, p.ej.-, para asegurarnos que el paciente no suspenda la medicación) junto a las terapias (psicoterapias, labor y musicoterapia, grupos) ya que esto le permitirá integrarse mejor al medio social y laboral evitando las recaídas y los rebrotes, teniendo ahora un nuevo horizonte terapéutico que años atrás no siempre podíamos ofrecerles.

Tomado de www.sexoyvida.com

**Por casi 10 años la “risperidone”, es el medicamento que mejor le ha funcionado a mi paciente, de alguma manera. Al menos esta pasiva y apegada a los suyos,  -sin sufrir recaídas graves.

Vive supervisada de manera que comprenda su realidad.  Es hacerle entender con gran amor y paciencia  que los necesita y que no puede dejar de tomarlos.

Hoy leo que ya existe la “risperidone inyectable” de larga duración.   Confiemos en que sea accesible en los servicios médicos sociales y  privados , -que ofrezcan lo nuevo a los pacientes mentales.

Lourdeslou©

Una vida, una esquizofrenia

Publicado en Salud General por lourdeslou en Noviembre 17, 2009


Cuando pierdes la cabeza, sobra lo demás”

Mari Luz Corcuera convive desde hace más de 30 años con este trastorno mental. «Haciéndote fuerte por dentro no te vienen las paranoias de fuera», asegura.

Mari Luz Corcuera tiene un día a día muy atareado. Se levanta temprano, pasea al menos siete kilómetros cada mañana, practica yoga, lee y participa en un programa de radio de la Asociación en Lucha por la Salud Mental y los Cambios Sociales (ALUSAMEN), a la que pertenece desde hace más de 10 años. Excepto porque tiene una incapacidad que le impide trabajar, esta mujer de 64 años hace una vida prácticamente normal. Sin embargo, le ha costado mucho llegar hasta aquí.Mari Luz pertenece al 1% de los españoles que padece esquizofrenia, una enfermedad psiquiátrica que está considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una de las 10 patologías más invalidantes que existen.

 

«Trabajaba de maestra en un colegio religioso en Madrid, tras haberme salido de monja después de más de 15 años de servicio. Eran los últimos años del franquismo y yo era muy revolucionaria, la que llevaba al colegio las consignas del movimiento de enseñanza. En esos tiempos, animé a mis compañeros a ir a la huelga. El director del centro llamó a un comisario de policía que me dijo: ‘Ya puedes irte a trabajar lo más cerca a Canarias, porque te voy a hacer la vida imposible’. Desde entonces, cada vez que veía un policía, y había muchos en la calle a finales de 1974, pensaba que venían a por mí», relata sobre los inicios de su enfermedad.

De esos primeros tiempos recuerda el miedo. «Notaba que me perseguían. Me quedaba en casa para estar a salvo y me entraba agorafobia [pánico a los espacios abiertos]. Pensaba que me iban a disparar desde cualquier ventana y tenía lo que yo llamo pensamiento transparente, creía que los demás tenían acceso a mi mente y sabían lo que estaba pensando».

Al principio, no era consciente de su dolencia. «Creía que lo que me pasaba era verdad; fui al médico porque mis amigas se pusieron muy pesadas. La psiquiatra me dijo directamente que estaba como una cabra y que, si quería que me tratara, tenía que ser en el hospital».

No recuerda bien qué fármacos le recetaron en aquella época, pero sí que no los consumía con mucha disciplina. «No era consciente de que estaba enferma. Para un esquizofrénico, aceptar la patología es media curación. Dices, ¿qué me va a hacer un psiquiatra, si a mí lo que me pasa es que me están persiguiendo?».

Sus experiencias hospitalarias le llevaban a alternar periodos de baja y alta laboral. Tenía el apoyo de familiares y amigos, pero el día a día en el colegio era duro. «Además de las paranoias, el antipsicótico que tomaba entonces -sólo de vez en cuando- hacía que se me fueran los ojos continuamente a las luces. También notaba pérdida de memoria».

En 1981, seis años después del diagnóstico, llegó la incapacidad laboral. El pronóstico que figuraba no podía ser más crudo: esquizofrenia paranoide con imposibilidad de recuperación.

A partir de entonces, deambuló por alrededor de 15 hospitales, probando diversos tipos de terapias. «Fui a un psiquiátrico privado en Palencia, porque una amiga monja se había curado allí; pero no nos dejaban entrar en la habitación, nos hacían trabajar y, además, eran todas de derechas y yo no comulgaba con sus ideas».

Uno de sus peores recuerdos es un centro en Marruecos, donde fue a parar a causa de un brote psicótico que sufrió en el transcurso de un viaje organizado. «Tenía los colchones de paja, la comida era horrible. De la rabia, tiraba los platos al suelo; además, nadie de mi familia sabía donde estaba, mis hermanos tuvieron que remover cielo y tierra para encontrarme». De entre las experiencias más positivas, destaca una clínica privada en Madrid donde le hicieron una cura de sueño. «Se me olvidó todo. ¡Qué liberación!, no me perseguía nadie».

El momento clave que cambió el curso de su enfermedad se produjo hace 20 años, cuando tomó conciencia de su problema y de la necesidad de tratarse farmacológicamente. «Un amigo vasco me dijo ‘no seas ignorante, que el cerebro es química. A tí te falta algo y lo tienes que tomar’». Paradójicamente, él fue el origen de una de sus paranoias más impactantes. «Hablabamos mucho de la situación política en el País Vasco. Me empecé a obsesionar y pensé seriamente que ETA me había elegido para matar al Rey, porque al estar loca no me iba a pasar nada».

Esta obsesión recurrente fue la causa de su último ingreso hospitalario hace ya más de cinco años. Desde entonces, ha aprendido a convivir con su enfermedad a base de trabajo. «He salido de lo más profundo que uno se puede imaginar y ahora estoy encantada con la vida. Voy a yoga, a talleres, leo libros de autoestima. He orientado mi vida a tener la cabeza amueblada».

Comparte piso con una amiga que también padece esquizofrenia. El contacto con otros enfermos es constante, la mayoría de las veces a través de ALUSAMEN. Fue precisamente en una fiesta de esta asociación, donde se atrevió a recitar por primera vez unos versos que había escrito: «Nadie sabe lo que sufre un enfermo mental, cuando pierdes la cabeza, sobra todo lo demás».



FICHA PERSONAL

- Mari Luz Corcuera tiene 64 años. Fue monja hasta los 30 y a los 33, cuando ya era seglar, recibió el diagnóstico.- Trabajaba como maestra en un colegio. Su apoyo a una huelga profesional hizo que el director avisara a la policía. Entonces empezaron los síntomas de su trastorno mental.

 

- Ha ingresado en cerca de 15 hospitales y centros psiquiátricos, incluyendo dos en Italia y en Marruecos. El último fue hace cinco años.

- No trabaja pero lleva una vida cercana a la normalidad. Colabora en un programa de Radio Vallekas de la asociación ALUSAMEN.

- Se trata con un antipsicótico atípico y un ansiolítico. Visita al psiquiatra cada cuatro meses. Si pudiera cambiar algo, habría empezado a tomar la medicación a diario desde el principio.

***Por AINHOA IRIBERRI Suplemento Salud/mundo.es

Personal:  He contado  nuestra historia de salud, como en este caso  que leemos  la vivencia de una mujer  brillante, inteligente con su enfermedad mental.   En el caso de mi hija, pero que soy yo la madre quién escribe, porque no esta ella tan bien como para contar como le va,  me movió el deseo de ser apoyo, de ser ejemplo de lucha.  Es una manera de “hacer” algo  motivador,   cuando la vida nos pone al revés.

No hay, para muchos casos de enfermedad mental como lo es una esquizofrenia, una salida,  -con el tiempo  aprendemos que la enfermedad es irreversible, entonces toca  seguir apoyando, ayudando y amando al paciente. Debe la familia, si puede,  comprometerse con la humanidad toda, siendo una respuesta.

Gracias por leerme en este espacio.

Lourdes

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