Esquizofrenia, qué hay de nuevo…
Nuevo tratamiento para la esquizofrenia
Durante mucho tiempo una de las enfermedades mentales más temidas e invalidantes, entre pacientes psiquiátricos jóvenes, ha sido la esquizofrenia. Hay descripciones de este cuadro desde la antigüedad y fueron variados los tratamientos intentados:
- Sangrías
- Vomitivos
- Baños de agua helada
- Castigos corporales
- Exorcismos
- Chalecos de fuerza
- Tratamientos convulsivos medicamentosos (cardiazol)
- Coma insulínico
- Electroshock
- Cirugías craneales (incluso algunos – como bien lo ilustra un célebre cuadro de Hieronymus Bosch- buscaban “la piedra de la locura”, incrustada en el cráneo)
Las llamadas esquizofrenias (paranoide, simple, catatónica o hebefrénica) son en realidad un grupo que presentan algunas características comunes y son alienaciones mentales (psicosis) donde a veces predominan el autismo y el negativismo (el paciente no habla, se niega a comer, no se mueve, mira fijo en un punto lejano) o son agresivos para sí mismos y para los otros, incluidos familiares, en actos que parecieran inmotivados. Otros presentan delirios de contenido místico, megalómano o persecutorio, con alucinaciones generalmente auditivas: el paciente refiere que “oye voces” (otras veces son visuales o referidas a sensaciones corporales -alucinaciones cenestésicas-). Su discurso aparece disgregado, incoherente, pueril o bizarro; suele caer en la más absoluta indiferencia o en una profunda depresión o angustia que lo puede llevar al suicidio (hecho frecuente en la esquizofrenia). La variedad de síntomas que presentan y lo cambiante de las formas de manifestación, con intervalos lúcidos y otros francamente delirantes, han llevado a que la gente interpretara erróneamente esto como “una doble o múltiple personalidad”.
Es importante que los padres sepan que estos cuadros pueden aparecer en la adolescencia temprana o entre los 20 y 30 años. Sin tratamiento su curso es progresivo y evoluciona por “brotes”: estas crisis los van dejando con un defecto cada vez mayor, deteriorando sus capacidades mentales. Hay que destacar que, muchas veces, la familia no consulta a tiempo porque, a pesar de que tenga actitudes extrañas, abandone sus cuidados personales, los estudios o el trabajo, refiera ver su cuerpo cambiado o sentirse despersonalizado, sólo lo entienden como “rareza” o que “se hace el loco”, atribuyéndolo a los “caprichos de la juventud”. Desgraciadamente una enfermedad mental que no se detecta en forma precoz y no se la trata suele tener una mala evolución.
La esquizofrenia es una afección que se da en todas las razas y clases sociales o niveles económicos sin distinción y son muchas las teorías que buscaron dar cuenta de sus causas: desde la posesión demoníaca y satánica, a las brujerías, “la madre esquizofrenizante” (concepto que ha caído en descrédito) o la familia que enloquecía al paciente hasta la que sostiene que hay alteraciones celulares en el cerebro. La más actual y aceptada es la que ubica a nivel de los neurotransmisores cerebrales (son sustancias que segregan las células nerviosas para comunicarse entre ellas) como base del trastorno. Por supuesto que no se puede ver a un individuo como a un mero resultado de la acción de sus neurotransmisores sino como la interrelación entre su cerebro y su cuerpo con el medio familiar y social en el cual vive.
Durante muchos años los psiquiatras no contaban con otra posibilidad que provocar comas insulínicos, aplicar shocks medicamentosos o eléctricos (este último tratamiento fue ideado por los italianos Cerletti y Bini basados en la idea que la epilepsia protegía de padecer una esquizofrenia) en largas internaciones que muchas veces eran de por vida. A posteriori fuimos viendo las limitaciones, riesgos y efectos secundarios de estos recursos teniendo la posibilidad de contar con medicamentos para combatir esta enfermedad y poder prescindir de la insulina y el electroshock. Aparece una droga llamada clorpromazina (descubierta a partir de la anestesia), luego el muy conocido haloperidol y así comienza a revertirse la historia.
En años posteriores hacen su aparición los llamados antipsicóticos de última generación o atípicos, como el Risperidone, que produce mejoras notables tanto en los delirios, alucinaciones, excitación psicomotriz y agresividad como en la retracción emocional, abulia, pobre relacionamiento social y el encierro en sí mismo (la gente dice cuando ve algo parecido: “es un esquizo”). En estos últimos síntomas, llamados “negativos” era donde los medicamentos anteriores tenían baja eficacia, como así también en los síntomas afectivos: sentimiento de culpa, ansiedad, depresión, poca atención en las cosas cotidianas.
Otra de las desventajas que tenían los primeros remedios era que producían graves e indeseables efectos secundarios lo que casi no ocurre con el risperidone, logrando así un avance notable en la recuperación de los enfermos mentales, permitiendo una mayor resocialización y contacto con el mundo evitando las frecuentes y deteriorantes reinternaciones.
Por otro lado hace que estos pacientes sean más permeables a la psicoterapia, lo que constituye a este medicamento, ya probado en más de un millón de casos, en una arma de primer nivel para la remisión de los cuadros esquizofrénicos y en trastornos de conducta en las demencias y mal de Alzheimer (demencia presenil observada con regular frecuencia) o en la enfermedad bipolar.
No se debería pensar que las psicosis (popularmente llamadas “locuras”) se curan como un resfrío, una angina, una disfunción erectiva o un esguince de tobillo: aunque haya remitido el brote agudo el paciente deberá continuar bajo tratamiento, con los controles y con la medicación como sostén (a veces recurrimos a inyectables de uso prolongado -haloperidol depósito, p.ej.-, para asegurarnos que el paciente no suspenda la medicación) junto a las terapias (psicoterapias, labor y musicoterapia, grupos) ya que esto le permitirá integrarse mejor al medio social y laboral evitando las recaídas y los rebrotes, teniendo ahora un nuevo horizonte terapéutico que años atrás no siempre podíamos ofrecerles.
Tomado de www.sexoyvida.com
**Por casi 10 años la “risperidone”, es el medicamento que mejor le ha funcionado a mi paciente, de alguma manera. Al menos esta pasiva y apegada a los suyos, -sin sufrir recaídas graves.
Vive supervisada de manera que comprenda su realidad. Es hacerle entender con gran amor y paciencia que los necesita y que no puede dejar de tomarlos.
Hoy leo que ya existe la “risperidone inyectable” de larga duración. Confiemos en que sea accesible en los servicios médicos sociales y privados , -que ofrezcan lo nuevo a los pacientes mentales.
Lourdeslou©
Una vida, una esquizofrenia
| FICHA PERSONAL |
- Mari Luz Corcuera tiene 64 años. Fue monja hasta los 30 y a los 33, cuando ya era seglar, recibió el diagnóstico.- Trabajaba como maestra en un colegio. Su apoyo a una huelga profesional hizo que el director avisara a la policía. Entonces empezaron los síntomas de su trastorno mental.
- Ha ingresado en cerca de 15 hospitales y centros psiquiátricos, incluyendo dos en Italia y en Marruecos. El último fue hace cinco años. - No trabaja pero lleva una vida cercana a la normalidad. Colabora en un programa de Radio Vallekas de la asociación ALUSAMEN. - Se trata con un antipsicótico atípico y un ansiolítico. Visita al psiquiatra cada cuatro meses. Si pudiera cambiar algo, habría empezado a tomar la medicación a diario desde el principio. ***Por AINHOA IRIBERRI Suplemento Salud/mundo.es Personal: He contado nuestra historia de salud, como en este caso que leemos la vivencia de una mujer brillante, inteligente con su enfermedad mental. En el caso de mi hija, pero que soy yo la madre quién escribe, porque no esta ella tan bien como para contar como le va, me movió el deseo de ser apoyo, de ser ejemplo de lucha. Es una manera de “hacer” algo motivador, cuando la vida nos pone al revés.No hay, para muchos casos de enfermedad mental como lo es una esquizofrenia, una salida, -con el tiempo aprendemos que la enfermedad es irreversible, entonces toca seguir apoyando, ayudando y amando al paciente. Debe la familia, si puede, comprometerse con la humanidad toda, siendo una respuesta.
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