El desayuno
Una reciente investigación reveló que saltear la primera comida del día confunde al cerebro y hace que genere la necesidad de ingerir alimentos altamente calóricos por sobre aquellos reducidos en calorías
“Cuando las personas están en ayunas, en este caso porque saltean el desayuno, sienten más hambre, lo que también aumenta la actividad en ciertas áreas del cerebro involucradas en la recompensa”, explicó el doctor Anthony Goldstone, de Imperial College de Londres, en la reunión anual de la Sociedad de Endocriniología, en Washington.
“Hallamos también que cuando las personas están en ayunas, prefieren los alimentos ricos en calorías por sobre los productos reducidos en calorías“, agregó. Los resultados surgen de estudios cerebrales por imágenes realizados a 20 personas no obesas y saludables, a las que se les mostraron fotografías de alimentos con bajo contenido calórico (ensaladas, vegetales y pescados) y con alto contenido calórico (tortas, chocolate y pizza).
Los participantes debieron calificar cómo los afectaban esas imágenes después de un desayuno abundante o de no ingerir la primera comida del día. Estudios previos habían demostrado que las personas que se saltean el desayuno tienden a tener más peso, a consumir más calorías provenientes de grasas y a aumentar más de peso con el tiempo que las que desayunan habitualmente.
El nuevo estudio sugiere que existiría un mecanismo que podría explicarlo. “Cuando se saltean comidas, especialmente el desayuno, el sistema cerebral de recompensa tiende a preferir los alimentos con alto contenido calórico por sobre los productos reducidos en calorías (…), lo que sería una respuesta defensiva del organismo para poder sostener el consumo de calorías”, dijo Goldstone.
“Eso podría explicar por qué las personas que saltean comidas para adelgazar, algo que hace entre el 30 y el 40 por ciento de las personas que quieren bajar de peso, terminaría atentando contra su intención de adelgazar y, en realidad, provocarían el efecto opuesto“, agregó el experto.
Esos resultados, explicó el autor, respaldan el consejo médico de ingerir un desayuno saludable para prevenir el aumento de peso y poder adelgazar.
Alzheimer: enfermedad explosiva

A los 81 años de edad la mente de Alberta Sabin no es tan aguda como lo fuera, y ella lo sabe. Frecuentemente Sabin pone las cosas en sitios equivocados, se olvida de nombres y citas, que son algunos de los aspectos más frustrantes de la pérdida de memoria, dice. “He estado buscando mi teléfono celular por tres días y ¿puedes creer que lo encontré encima de la mesada, a plena vista?, relata Sabin. “Allí estaba y yo pensé ¿cómo es que no lo vi antes?” .
Esa frustración motivó a Sabin para que participara en una investigación patrocinada por la UM con el propósito de diseñar mejores diagnósticos y tratamientos de la demencia antes que la enfermedad avance. Sabin es una entre millones de personas en Estados Unidos que experimentan pérdida de la memoria y, eventualmente, podrían tener un diagnóstico de demencia.
“Éesta es una enfermedad explosiva”, dijo Sid Gilman, director del Centro de Investigación del Mal de Alzheimer en el Sistema de Salud de la Universidad de Michigan, que conduce la investigación con Sabin y otros en su comunidad. “Es una enfermedad terrible que roba a las personas su humanidad. Olvidan a sus familiares y a sus amigos”.
Aproximadamente el 50 por ciento de las personas que llegan a los 85 años de edad padecerá demencia, según los estudios conducidos por investigadores del Centro Médico Rush, de Chicago. Hacia los 100 años de edad la cifra salta al 60 por ciento. Entre las personas que desarrollan demencia aproximadamente el 60 por ciento desarrollará el Mal de Alzheimer. Se calcula que el número actual de pacientes con el mal de Alzheimer en Estados Unidos es de unos 5 millones. Hacia el año 2050 habrá subido a 30 millones, lo cual presenta un problema financiero enorme para el sistema de asistencia de la salud.
Gilman y otros investigadores en el Centro de Investigación del Mal de Alzheimer en Michigan (MADRC por su sigla en inglés) han mantenido un gran interés por los pacientes como Sabin. El centro recibió por primera vez ayuda en donación de los Institutos Nacionales de Salud, en 1989, y ha seguido recibiendo financiación desde entonces.
Los investigadores del MADRC han estudiado hasta ahora 80 pacientes en un proyecto que se ha realizado a lo largo de cuatro años sobre el diagnóstico de Alzheimer al tiempo de las primeras señales de disfunción cognitiva. Los investigadores en última instancia querrían evaluar 120 pacientes.
Una de las metas de la investigación es determinar la mejor herramienta para el diagnóstico temprano del mal de Alzheimer: los escanes de tomografía por emisión de positrones (TEP) o las evaluaciones clínicas. Además del mal de Alzheimer hay otros diagnósticos posibles con un comienzo temprano del deterioro cognitivo, incluido los infartos múltiples, la demencia frontotemporal, la degeneración corticobasal, y el trastorno cognitivo asociado con el Mal de Parkinson, llamada demencia con los cuerpos de Lewy.
“Cuanto más temprano sea posible el tratamiento del mal de Alzheimer más son las ventajas para el paciente”, dijo Gilman.
El TEP es un estudio de imagen que permite que los médicos evalúen el uso que el cerebro hace de ciertas sustancias. Normalmente, el cerebro emplea glucosa como combustible. Con el uso del TEP los médicos pueden ver imágenes del monto de glucosa usado por el cerebro para determinar si hay diferencias en el uso del cerebro por parte del lóbulo frontal, el lóbulo temporal o el lóbulo parietal”.
El TEP permite hacer predicciones acerca de los individuos que pasarán de un deterioro moderado de la memoria a desarrollar el mal de Alzheimer. Estos pacientes pueden, entonces, calificar para la participación en pruebas clínicas de medicamentos para el tratamiento del Alzheimer. Los estudios con glucosa se están complementando con escanes TEP que pueden dar una imagen de beta amiloides, una de las proteínas anormales en el cerebro con el mal de Alzheimer.
Sabin, cuya madre y abuela sufrieron demencia, participa en una investigación de la UM que ayudará a que los investigadores diagnostiquen y traten la enfermedad más temprano en la vida.
“Tengo problemas para recordar los nombres y lo más frustrante es cuando son nombres de personas que conozco muy bien y yo simplemente no puedo traer el nombre a la superficie”, dijo Sabin. “Sentí la necesidad de hacer esto por la historia en mi familia”, añadió. “Sentí que los estudios en los que participe ayudarán a otras personas de manera que no tengan que pasar por lo que yo he pasado con mis propios familiares”.
(University Michigan News)
Ann Arbor, Michigan

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