Hábitos de fumar
Menos humo, menos infartos
Según los resultados de los estudios, las prohibiciones a fumar en lugares públicos han dado resultados sorprendentes.
La prohibición de fumar en lugares públicos previene más ataques al corazón de lo que se esperaba, según muestran las cifras.
Dos estudios sobre los hábitos de fumar revelaron datos contundentes: las prohibiciones al humo han disminuido en más de un tercio los infartos en Europa y América del Norte.
Esta “ganancia” para el corazón es -por mucho- más alta que la prevista originalmente.
Los estudios aparecieron publicados esta semana en las revistas médicas Journal of the Amercian College of Cardiology y Circulation.
Los ataques al corazón en Reino Unido afectan a 275.000 personas y son fatales para 146.000 cada año.

Gran impacto
A principios de este mes se anunció que los índices de infartos se redujeron en un 10% en Reino Unido en el año, tras la prohibición de fumar en lugares públicos que inició en julio de 2007 – que es más de lo previsto originalmente.
Pero la última revisión, basada en los resultados de numerosos estudios que involucran a millones de personas, indicó que tras la prohibición de fumar se han reducido índices de infartos hasta en un 26% por año.
Se cree que el humo pasivo aumenta las posibilidades de un ataque al corazón al hacer la sangre más propensa a la coagulación, reduciendo los niveles de colesterol “bueno” y aumentando el riesgo de arritmias cardíacas.
Índices a la baja
Este estudio se suma a la ya fuerte evidencia de que el humo pasivo causa ataques al corazón y que aceptar leyes de 100% libre de humo en todos los lugares de trabajo y lugares públicos es algo que podemos hacer para proteger al público”
Dr. James Lightwood, investigador de la Universidad de California.
El doctor James Lightwood, de la Universidad de California en San Francisco, dirigió el estudio de Circulation que reunió trece análisis distintos.
Su equipo encontró que los índices de ataque al corazón en Europa y América del Norte comenzaron a disminuir inmediatamente después de la aplicación de las leyes contra el tabaquismo, llegando a 17% después de un año, y luego continuó disminuyendo con el tiempo, hasta llegar a un 36% tres años después de la promulgación de las restricciones.
Lightwood dijo: “A pesar de que, obviamente, no reduce los índices de ataque al corazón a cero, estos resultados nos dan indicios de que en el corto y mediano plazo, la prohibición de fumar evita una gran cantidad de ataques al corazón.
Este estudio se suma a la ya fuerte evidencia de que el humo pasivo causa ataques al corazón y que aceptar leyes de 100% libre de humo en todos los lugares de trabajo y lugares públicos es algo que podemos hacer para proteger al público”.

En tanto, Ellen Mason de la Fundación Británica del Corazón comentó: “Evidentemente es una buena noticia para la salud del corazón de nuestra nación (…) Si fuma, lo mejor que puede hacer para evitar un ataque al corazón es dejarlo, que también podría proteger la salud del corazón de sus amigos y familia.”
BBC Mundo Ciencia
Obsesión por una salud perfecta
Una salud ¿perfecta?
A pesar de que la población de países desarrollados cada vez está más sana, tiene una percepción mayor de las enfermedades que puede sufrir
Es indudable que el avance social y sanitario conseguido en los países desarrollados es el responsable del espectacular aumento en la esperanza de vida actual. Cada vez estamos más sanos pero, a la vez, también nos percibimos más enfermos, ya que se da la paradoja de que nos encontramos en una de las épocas de la historia de la humanidad en la que más se ha “medicalizado” la vida y más se ha desarrollado la perspectiva de una salud “perfecta”.
- Imagen: doriana_s -
En este proceso de “medicalización”, ciertos fenómenos que formaban parte de otros campos, como la educación, la ley o la religión entre otros, han pasado a ser considerados como fenómenos médicos. Así, procesos normales de la vida como el ciclo reproductivo y vital de la mujer (menstruación, embarazo, parto, menopausia), las dificultades escolares, la vejez o la infelicidad, tienen una actuación médica y un fármaco a su servicio.
Sensación de amenaza
No sólo se han creado “nuevas” enfermedades, también el riesgo ha pasado a ser considerado un problema de salud prevalente. Las consultas están frecuentadas por individuos sanos en los que la perspectiva de una enfermedad futura les merma la sensación subjetiva de salud al sentirse amenazados. Uno de los autores que marcó un hito en este tema fue Ivan Illich, que en su obra ‘Némesis médica’ toma como ejemplo a la medicina para continuar un discurso sobre las instituciones modernas. Illich afirmaba que “la medicina institucionalizada amenaza la salud”, en el sentido que en los países desarrollados la obsesión por una salud perfecta se ha convertido en el factor patógeno predominante.
Antes la salud se calificaba como la ausencia de enfermedad. Más tarde, la Organización Mundial de la Salud, OMS, amplió el concepto y pasó a definirla como un “estado de bienestar físico, psíquico y social”. Hace años, los individuos tenían mayor capacidad para asumir sus propias responsabilidades mientras que ahora las estamos trasladando, de manera progresiva, al estado del bienestar. En cierta manera, se están transformando procesos normales, como el envejecimiento, en enfermedades que requieren la atención de numerosos especialistas. Los avances de la medicina también han propiciado la esperanza de que “todo puede de alguna forma solventarse” y que, por lógica, incrementa la demanda de atención.
En los países desarrollados la obsesión por una salud perfecta se ha convertido en el factor patógeno predominante
Vida “psiquiatrizada”
Desorden de ansiedad social, síndrome de culto a las celebridades… La “medicalización” puede constatarse en muchos aspectos de la vida pero en el ámbito de la salud mental alcanza uno de sus máximos exponentes. Y es que trazar la frontera entre enfermedad y malestar psicológico no siempre es fácil y, sin embargo, no todo sufrimiento es enfermedad. Muchos problemas cotidianos no son estrictamente médicos aunque causen angustia.
En los últimos años hemos asistido a un importante aumento en el diagnóstico de lo que se conoce como fobia social además de estar asistiendo a una verdadera epidemia en el diagnóstico de síndromes depresivos hasta el punto que los fármacos antidepresivos ocupan un lugar importante entre los medicamentos más recetados. En Gran Bretaña, se expidieron 34 millones de recetas médicas de antidepresivos en el 2007.
El diagnóstico de trastorno por déficit de atención e hiperactividad en la infancia se ha incrementado tanto que casi un 10% de los niños estadounidenses están medicados por problemas de conducta. Mientras, se considera que el 10% de los niños británicos tienen algún trastorno mental clínicamente reconocible. Especialistas en Salud Mental y en Medicina de Familia piden que no se “psiquiatrice” la vida. Este ha sido uno de los mensajes de los asistentes al VI Congreso de Atención Primaria y Salud Mental organizado por la CAMFiC (Sociedad Catalana de Medicina Familiar y Comunitaria).
“Debemos ser realistas: ni lo podemos prevenir todo, ni curar todo”, declaró María José Sánchez, presidenta del comité organizador. Se comentó que la conversión en patología de problemas cotidianos es una tendencia errónea que se inicia, incluso, en la niñez. “Los niños de mi época también nos peleábamos, a veces, a pedradas; ahora a esto se le llama trastornos de la conducta“, ejemplificaba Miquel Reguant, médico de familia y miembro del grupo de Ética de la CAMFiC.
En una de las mesas del congreso en las que se analizaba la prevención en salud mental, se concluyó que, aun cuando la prevención puede ser buena en ocasiones, no siempre está indicada, y puede hacer incurrir en el riesgo de usar y abusar de los fármacos en exceso. Alberto Ortiz, psiquiatra del Centro de Salud Mental Salamanca, refirió que a veces “el no tratamiento puede ser la mejor opción para el paciente”. Tratar médicamente y de forma excesiva los problemas “puede hacerle creer que él no tiene recursos para enfrentar los avatares propios de la vida cotidiana, que le hace falta la ayuda de su médico o un tratamiento farmacológico”.

2 comentarios